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Elian Chali – Argentina

ELIAN CHALI

Añadir un elemento crip a las ciudades alrededor del mundo.

Un retrato de Elian Chali, mirando directamente a la cámara con una expresión seria, con una sombra de luz rosa.

Elian Chali, retrato. Foto: Julieta Ferreria. Córdoba, Argentina, 2018

Antes que el arte, me interesa el mundo. Siento un magnetismo extraño con la ciudad, no sólo participando en ella desde su potencia política, sino también sintiéndola como teatro social. Mi cuerpo expuesto me revela cómo los humanos nos comportamos frente a las diferentes circunstancias de la vida.

El arte me da la posibilidad de establecer distintos niveles de vinculación en contextos urbanos. Busco desmarcar mi práctica de los procedimientos habituales, modos de interpretación y reconocimiento estereotipados. Es decir, no estoy específicamente preocupado con que mi trabajo opere dentro de los cánones, más bien prefiero los terrenos híbridos, ambivalentes.

Mi intuición artística es pictórica. Es el modo en que abordo el performance, la escritura, la pintura y la fotografía como distintas disciplinas que convergen en mi práctica. Debido a que mis ideas se materializan a partir de otra obra ya existente, considero la arquitectura como colaboradora de mi trabajo, más que como soporte.

Si bien las ciudades se presentan hoy como un gran artefacto institucional, cada grieta por la que se pueda escurrir mi obra es una oportunidad para sostener la vitalidad y ética de mi trabajo. El foco está puesto en lo sensible del lugar común que acontece en los márgenes del sistema del arte.

Pienso que un gesto acupuntural en la ciudad pone de manifiesto el gris constante de la “ciudad normativa” que es el prototipo del hábitat estandarizado del capitalismo tardío. Mi cuestionamiento va dirigido estrictamente a los modos de vida social que proponen estas máquinas urbanas contemporáneas.

La escala, la locación, el contexto sociocultural, las características urbanísticas, el soporte a intervenir, la época, el motivo que convoca y las condiciones de trabajo, son asuntos fundamentales en la reverberancia ética de mi praxis.

Mi deseo es que mi obra sostenga preguntas, más que buscar respuestas. Creo en un modo político de hacer arte; un arte politizado y en contra del arte político como categoría alienada y descomprometida. Cuando intento descifrar mi trabajo me doy cuenta de que yo no controlo lo que hago, más bien soy servidor de una fuerza que no comprendo del todo, pero que me otorga una libertad que me acompaña, cuida y enseña. Una libertad que se puede socializar. A cambio, me pide cooperación y un cuerpo emocional en la imaginación de otro mundo posible.

Toma de perfil con un gran ángulo del artista Elian Chali de pie sobre un andamio pintando un mural en marrón, negro, amarillo y rojo.

Trabajo en curso para Repeating Shapes durante PUBLIC organizado por Form – Perth, Australia. Abril de 2015. Foto de Jean Paul Horre. Cortesía de Elian Chali.

Foto lateral de un edificio alto de ladrillo de apartamentos en una ciudad mediana. En un lado del edificio está pintado un mural de colores, amplios trazos de amarillo, azul, verde, rojo y negro.

Tajo / Costura, Tandil, Argentina. Pintura acrílica sobre pared de ladrillo. 35x20m. 2020. Cortesía de Elian Chali.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elian Chali trabajando. Montblanc France, 2017. 2km3 Contemporary Art Platform. Foto: German Rigol. Cortesía de Elian Chali.

Una foto de Elian Chali con gafas protectoras y mirando al techo al que rocía con una hidrolavadora. La imagen se ilumina con una luz fluorescente verde.

Elian Chali, 1988. Nació y vive en Córdoba, Argentina. Sin estudios académicos, Elian se ha formado de manera autogestiva mediante el contacto con otros y participando como agente activo del circuito contracultural argentino. Activista del colectivo de personas con discapacidad, Elian forma parte de Torceduras & Bifurcaciones, Foro de Corporalidades Políticas.

Su trabajo se puede encontrar en más de treinta ciudades distintas de países como Argentina, Brasil, Canadá, Chile, España, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, México, Rusia, Uruguay, Ucrania, Taiwán, entre otros.

Fundó y codirigió Kosovo Gallery (2012-2015, Buenos Aires), fue curador en jefe del Mercado de Arte Contemporáneo (MAC, 2018, Buenos Aires) y participó de diversas mesas de debates y conferencias alrededor del mundo. En el año 2016 publicó su primer libro titulado Hábitat y su obra se puede encontrar documentada en publicaciones y proyectos editoriales sobre arte, diseño y arquitectura.

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Aimi Hamraie & Floyd Morris– EEUU y Jamaica

La Escala de Morris

Una encuesta de accesibilidad en Kingston, Jamaica.

Las ciudades dentro del Caribe anglófono son en su mayoría inaccesibles para las personas con discapacidades y la inaccesibilidad se basa en su pasado colonial.

Una entrevista con Aimi Hamraie y Floyd Morris respecto a la resiliencia creada en Jamaica frente a la infraestructura inaccesible heredada de la colonia, y la creación de la Escala de Morris.

Aimi Hamraie: ¿De dónde surgió su interés por el diseño y la planeación urbana?

Floyd Morris: Perdí la visión totalmente a los veinte años y a los veintiuno llegué a Kingston. Como persona ciega, no podía moverme por la ciudad. Las aceras tenían accesos difíciles y había agujeros y baches en el pavimento, era irregular e impredecible. Las compañías de energía eléctrica instalaron postes de luz en mitad de los pasos y de los postes colgaban cables. Una persona ciega con un bastón guía blanco no podría saber ni cómo ni dónde se encuentran esos cables. Las instituciones públicas se construían sin rampas, sin un acceso para las personas que usan silla de ruedas. Los elevadores no tenían inscripciones en braille. Los centros comerciales no tenían estructuras de apoyo para personas ciegas o con discapacidad visual, ni para personas con otros tipos de discapacidad física.

 AH: Leí un artículo suyo en la revista Disability Studies Quarterly en el que explica la Escala de Morris para evaluar la accesibilidad de las ciudades. ¿Cómo desarrolló esta escala?

 FM: Hay cosas que las personas con discapacidad necesitan poner en funcionamiento a diario. Mientras escribía el artículo y hacía trabajo de campo en la ciudad, tuve que establecer un conjunto de criterios que determinaran una accesibilidad mínima en dicho espacio. Considero que ésta es la base y lo que usted leyó en el artículo es el umbral mínimo.

 AH: Para crear este estándar mínimo, ¿reunió a un grupo variado de personas con diferentes tipos de discapacidad?, ¿cómo se tomaron las decisiones?

 FM: Llevo apoyando a las personas con discapacidad desde 1991. En todo este tiempo he escuchado muchas conversaciones, porque he cumplido varias funciones: ministro, senador, investigador. Y logré formular el umbral mínimo gracias a que asistí a muchas reuniones y presté atención a las preocupaciones de las personas con discapacidad, aunque la medición también se basa en la literatura escrita al respecto.

Tomemos países como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Japón, Australia o Nueva Zelanda como ejemplo. Hace unos años fui a Nueva Zelanda y quedé impresionado con la facilidad con la que puedes moverte por la ciudad de Wellington. Las aceras eran anchas y en los pasos de peatones se usaba tecnología que te decía cuándo seguir y cuándo detenerte. En algunos lugares, como los bancos, por ejemplo, había medidas especiales para las personas ciegas y con baja visión. La exposición y conocimiento sobre lo que estaba haciéndose internacionalmente me dieron perspectivas para desarrollar una escala que funcionara en un país en desarrollo, sobre todo en el Caribe, reconociendo el contexto histórico de nuestros asociados.

AH: Su artículo ofrece un debate fascinante sobre cómo debemos ubicar la accesibilidad en Jamaica dentro de su propio contexto y tomar en cuenta el colonialismo. ¿Podría hablar un poco más sobre esto?

 FM: Los países del Caribe han estado sometidos al control colonial durante más de trescientos años. Primero con los españoles, que llegaron en la década de 1490 con Cristóbal Colón y ocuparon el Caribe durante más o menos doscientos años, antes de que llegaran los británicos en 1655. Los británicos llegaron y establecieron su propio tipo arquitectónico, porque la arquitectura artística española es diferente de la británica. Esta nueva arquitectura duró más de trescientos años porque Jamaica obtuvo su independencia en la década de 1960. Hubo una ola de independencia entre los países de habla inglesa entre 1962 y entrada la década de 1980. Recibimos la independencia política, pero no hubo ningún esfuerzo posterior para hacer que la infraestructura de la región fuera accesible para las personas con discapacidad. Tras la independencia, la infraestructura pública del Caribe (escuelas, iglesias, centros comerciales, centros de trabajo) se construyó sin tomar en cuenta este aspecto. En 1981, que fue el Año Internacional de las Personas con Discapacidad, la discapacidad se comenzó a ver en el marco de las barreras sociales, más que desde un modelo de beneficencia. En la década de 1990 se estableció un reglamento con la descripción de ciertos criterios para que el mundo fuera más inclusivo y accesible para las personas con discapacidad, pero no se cumplía porque no había un marco jurídico. En la década de los 2000, Naciones Unidas elaboró la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (cdpd). La accesibilidad era fundamental, ya sea para el entorno urbano, las escuelas o la salud pública. El resultado es que nos hemos alejado

de un modelo médico asistencialista que surgió en un contexto colonial para pasar, en el siglo xxi, a un modelo social basado en derechos.

 AH: ¿Podría hablar un poco más sobre la accesibilidad en términos del arte y la cultura en Jamaica?

FM: Escribí un libro (que está a punto de publicarse) sobre la inclusión cultural y la música. Jamaica tiene un ámbito cultural boyante y muy dinámico. La música reggae es famosa en todo el mundo, pero lo que no es tan conocido es la contribución de las personas con discapacidad a esa industria. He querido registrar esta contribución fijándome en algunas de las figuras más importantes de la música. Un ejemplo es el grupo musical más antiguo de la isla, que tiene casi cincuenta años y está integrado por personas ciegas y con baja visión. Documenté cómo evolucionaron y cómo lograron sobrevivir como banda todo este tiempo.

Quiero ver un mundo en el que las personas con discapacidad estén integradas y pertenezcan a las corrientes dominantes de la sociedad. ¿Cómo vamos a hacer eso? Asegurándonos de que la infraestructura pública, la tecnología de la información, la literatura y el idioma sean accesibles. Éstas son algunas de las cosas por las que yo estaré luchando.

Aimi Hamraie es profesorx asociadx en Medicine, Health, and Society and American Studies en la Universidad de Vanderbilt, donde también dirige el Critical Design Lab. Utiliza el pronombre ellos/ellas para identificarse. Ha escrito el libro Building Access: Universal Design and the Politics of Disability y está a cargo del podcast Contra*.

 

El senador y doctor Floyd Morris es director del Centro de Estudios de la Discapacidad en la Universidad de las Indias Occidentales (uwi, por sus siglas en inglés), en Mona, Jamaica. Recientemente fue elegido para formar parte del Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de las Naciones Unidas. Es el relator especial sobre discapacidad para la Comunidad del Caribe (Caricom). Ha escrito un sinnúmero de artículos para revistas y es el autor de dos libros: By Faith, Not by Sight y Political Communication Strategies in Post Independence Jamaica 1972-2006.

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