El Alto

Edu O. – Brazil

Queridos bípedos

En una carta abierta, el artista Edu O. define el bipedismo, describe la experiencia colectiva del cuerpo que envejece y reclama un cambio de paradigma impulsado por la discapacidad.

El artista Edu O. está acostado en una rampa para sillas de ruedas, con pisos de baldosas. Lleva una camisa negra, un sombrero de borde gris, maquillaje de ojos negros y lápiz labial rojo. Su brazo izquierdo se levanta lejos de su rostro, haciendo un gesto con la mano. Edu O. mira directamente a la cámara.

Parte de la serie Calle e sombrero (Calle y sombrero; Ensaio²: tiempo en la danza), UFBA, 2019. Foto de Brisa Andrade

 

Nunca olviden que cuando entramos en un espacio, lo transformamos.

Es posible que no lo comprenda, pero usted es bípedo. Sí, si no tiene ninguna discapacidad y forma parte de la categoría de personas consideradas normales según los estándares corporales que conciben la discapacidad como una patología; si nos mira con lástima, compasión, pena; si considera que una persona con discapacidad es improductiva, menos capaz y menos bella; si considera que la discapacidad es un hecho aislado que se repite de la misma manera para todas las personas y no tiene en cuenta la gran variedad de discapacidades y sus especificidades, usted es bípedo. Si su idea de inclusión consiste en aislarnos, entonces sí, usted es bípedo. Si considera que el cuerpo sin discapacidad es la única forma que existe de normalidad, no hay duda de que es bípedo.

Permítame explicarle que el bipedismo, en mi opinión, se refiere a la estructura socioeconómica, cultural y política que determina lo que es normal y lo que es anormal, capaz e incapaz. Lo que planteo como bipedismo no se refiere a la forma de caminar, sino al sistema de opresión basado en una concepción histórica de la normalidad, así como la idea de la discapacidad. La teoría crip, planteada por Robert McRuer, señala que dicha concepción está relacionada con los intereses económicos y políticos que establecen una obligatoria able-bodiedness (capacidad física plena necesaria) y normalizan las ideologías dominantes orientadas a la productividad.

En consecuencia, también identifico en el baile estructuras que determinan un patrón físico ideal y excluyen a las personas consideradas discapacitadas, no aptas e incapaces. Esto es lo que yo llamo “bipedismo obligatorio”.

Por lo tanto, usted es bípedo si su danza/baile desconoce las oportunidades de diferentes físicos y no se da cuenta de las limitaciones del propio bipedismo, que con el tiempo repite los estereotipos de una verticalidad y virtuosidad tan restrictiva de la comprensión del baile y el cuerpo; si de acuerdo con sus preferencias estéticas, artísticas y, por lo tanto, políticas, sigue ignorando y no dando reconocimiento a la producción de los artistas con discapacidades; si según sus estándares artísticos no se da cuenta de que el tema secular del baile es el cuerpo blanco-cisgénero-bípedo que ocupa en su mayoría la programación de sus festivales, y cuando considera la posibilidad de nuestra presencia, nos trata como exóticos, como un tema para ser estudiado, discutido; si en sus clases y metodologías excluye a alguien con discapacidad y cree que somos nosotros los que tenemos que adaptarnos; si en su producción artística no le importa el acceso, descuidando a su audiencia; si es periodista y sigue insistiendo en el tono sensacionalista cuando se refiere a nosotros como freak shows o espectáculos de fenómenos. ¿Y qué me dice de sus programas de televisión, obras de teatro, musicales, películas e historias de amor que cree que nunca podré vivir? ¿Comprende? El pensamiento bípedo está en todas partes, domina todos los espacios y nos hace invisibles, nos rechaza. ¿Con cuántas personas con discapacidades convive o ha trabajado?

Me gustaría saber qué concepto tiene usted de cuerpo cuando piensa en baile. ¿Quién puede realizar su arte? ¿Quién puede presenciarlo? Si una persona es su propio cuerpo, porque tanto el cuerpo como la persona están ligados entre sí, ¿qué personas incluye en su concepto? ¿A quién dejaría fuera? ¿Qué piensa sobre la discapacidad? ¿Qué palabras asocia con la discapacidad? Cuando piensa en la relación entre el baile y la discapacidad o el arte y la discapacidad, ¿qué imágenes vienen a su mente? ¿Qué referencias tiene sobre el tema? Y si no tiene referencias o usa el sentido común, ¿cómo juzga nuestra competencia y producción? ¡Sabe tan poco de tantas cosas!

El problema es incluso más grande de lo que cree… y las ruedas de mi silla siguen teniendo obstáculos. Ustedes siempre crean espacios para que no me aproxime demasiado. Tal vez mi discapacidad es contagiosa, ¡verdad? En realidad, el espacio es menor de lo que parece, es algo abismal, como dice Boaventura de Sousa Santos, estableciendo quién pertenece y quién no a un determinado lado de la línea que ustedes han inventado para crear jerarquías y espacios de poder sobre quién está autorizado a hablar y quién debe permanecer en silencio durante toda la vida, sometiéndose a sus órdenes. Usted, bípedo, nos encierra en una pequeña habitación en la parte de atrás para esconder aquello que revelamos sobre usted mismo. Nos tiene miedo.

Voy a relatar una historia que leí en el libro Holocausto brasileiro. Genocídio: 60 mil mortos no maior hospício do Brasil (Holocausto brasileño. Genocidio: sesenta mil muertos en el hospicio más grande de Brasil), escrito por Daniela Arbex. Antônio fue internado en el hospital psiquiátrico de Barbacena y pasó veintiún años en absoluto silencio, de modo que fue considerado mudo por el personal del lugar. Un día, Antônio emitió por primera vez un sonido al escuchar una banda de música. Todos quedaron sorprendidos y le preguntaron el motivo por el que no había avisado que hablaba. Entonces él contestó: bueno, nunca me lo habían preguntado.

Pues bien, a mí tampoco me lo preguntaron, pero no me callaré y lo repetiré incansablemente: ¡USTEDES, BÍPEDOS, ME TIENEN HARTO!

Sin duda no podemos desmontar ni destruir este tipo de estructuras establecidas. El pensamiento bípedo forma parte de nuestra estructura social, condiciona y limita lo que representan el cuerpo y el mundo, anulando cualquier experiencia que se considere fuera de lo normal. Esa normalidad no existe, bípedo. ¡Créame! Reflexione, reconsidere y cambie esos conceptos. No se puede seguir viviendo con tantos privilegios. ¿Sabe por qué?

Percibo un viento que viene de lejos para provocar —quién sabe— algún cambio. Nosotros, las personas con discapacidad, ya estamos encontrando nuestro lugar y derribando algunos estereotipos. Es parte de nuestra existencia que cambiemos cuando entramos en contacto con el otro, nos sentimos incómodos con lo desconocido o, en este caso, con lo no tan desconocido, pero precisamente por ser tan conocido lo damos por sentado. El encuentro…, el contacto… transforman.

Ahora me dirijo a mis pares, estos “cuerpos intrusos”, como dice Estela Lapponi, que llegan sin pedir permiso, invaden donde no han sido llamados históricamente y rompen todo, desde la arquitectura hasta las actitudes, la comunicación, la tecnología…, “cuerpos intrusos” que instigan, incomodan, “son una molestia”, derribando estereotipos para afirmar lo que somos y rechazar los patrones impuestos. Nunca olviden que cuando entramos en un espacio, lo transformamos. Las experiencias vividas no se borran. Nadie habla por nadie, nadie habla por nosotros, pero podemos entender el universo del otro y tratar de formarlo en conjunto.

Me dirijo a usted, bípedo, pero no para ampliar los abismos a los que tantas veces se nos arrojó desde la Antigua Grecia (¿recuerda?), sino para crear puentes, para que se dé cuenta de la violencia que provoca a diario incluso en el trato que usted cree que es cariñoso, pero que está lleno de compasión y lástima. Yo lo sé, pero algunos probablemente no lo saben.

Sin embargo, si ya pasó el tiempo del cambio, ¿no es éste el momento de transformar nuestros hábitos de consumo, de romper los estereotipos que creamos, repetimos y que determinan lo que es bello, lo que es productivo y capaz? Cuando salgamos de este aislamiento impuesto por el COVID-19, que ustedes los bípedos consideran una novedad, pero que para nosotros, las personas con discapacidad, es parte de la vida cotidiana por la falta de accesibilidad y oportunidades, ¿qué importará? ¿Qué vidas importan?, ¿unas más, otras menos?

Usted incluso aparenta defender causas importantes con cierta visibilidad, pero en su defensa de la vida, ¿piensa en la vida de las personas con discapacidad? De no ser así, bípedo, siento decepcionarlo, pero no creo en su lucha. ¿Sabe por qué?

Porque un cuerpo con discapacidad es el futuro. Lo he estado repitiendo incesantemente. Sufrir una discapacidad ya es una garantía del futuro para cualquiera, independientemente de si son mujeres, hombres, negros, indígenas, transexuales, cisgéneros, gays, lesbianas, asexuales…, ya sea por azares del destino, o por la vida misma. Sí, cuando envejecemos es porque nos mantenemos vivos y el envejecimiento es compañero de la discapacidad. Entender que en un futuro el cuerpo sufrirá alguna incapacidad es pensar en la contribución que los estudios de la discapacidad han aportado a varias áreas de la ciencia, desde los estudios médicos hasta la robótica, la tecnología, la comunicación, las artes… En fin, pensar de otra manera, pensar de forma dialógica, desmontando una perspectiva de subordinación de la discapacidad. Si todo el mundo pudiera tener una discapacidad en algún momento, ¿no sería mejor construir un mundo a partir de esta realidad?

Para el futuro, que es ahora, deseo que nosotros, las personas con discapacidad, no seamos invisibles, porque somos una multitud. Deberíamos dedicarnos a romper las barreras impuestas por la normatividad y mostrar esta historia tan poco contada y a la que la mayoría de las personas no tiene acceso. Para mí, eso es lo que me da fuerzas para seguir viviendo en este pasado-presente-futuro-AQUÍ.

Hasta pronto,

Edu O.

El artista Edu O. está sentado en un suelo de adoquines, con las piernas cruzadas. Tiene los ojos cerrados y la mano izquierda detrás de la cabeza. Su mano derecha descansa sobre su pierna derecha. Lleva una camisa negra, pantalones negros, pestañas postizas largas, lápiz labial rojo y botas color borgoña con cordones.
Edu O. levantándose sobre una silla de cedro. Sus brazos se colocan en el asiento de la silla levantando su cuerpo por encima de ella. Él está mirando directamente a la cámara, vestido con un chal morado, ropa interior negra y botas largas con cordones que se asemejan a la pata y el casco de un caballo. Al fondo hay una pared pintada de negro con ladrillos pintados de negro. Los pisos de madera de color marrón oscuro.

Parte de la serie Calle e sombrero (Calle y sombrero; Ensaio²: tiempo en la danza), UFBA, 2019. Foto de Brisa Andrade

Striptease en Nus e [dis] graçados (Desnudos y [des] graciados), realizado con Estela Lapponi, en Cenas diversas: cena acessível (Escenas diversas: escena accesible), Casa de Cultura Mario Quintana, Porto Alegre, 2018. Foto de William Gomes.

Edu O. es bailarín artístico, intérprete, y profesor de la Escuela de Danza de la Universidad Federal de Bahía (Brasil). Tiene una maestría en Danza, usa silla de ruedas, y le gusta escribir y crear contenido en su Instagram (@eduimpro), donde describe los problemas relacionados con la exclusión y la violencia fomentada por el “bipedismo obligatorio”. Sobre lo último discurre su trabajo actual, como parte de un programa doctoral (Doctorado Multiinstitucional y Multidisciplinario en Difusión del Conocimiento, DMMDC).