El Alto

Arte, Discapacidad y Culturas Sordas en las Américas

Introducción

Bienvenidos a El Alto.

Bienvenidos a nuestra segunda edición de El Alto, que llega después de una pausa bastante más extensa de lo previsto. Este segundo número celebra el trabajo de artistas, curadores y activistas de comunidades sordas y discapacitadas en las América, en un esfuerzo por celebrar y reunir lo más innovador en el arte de una comunidad que continúa luchando por la accesibilidad, y por lo que en inglés se ha venido llamando la justicia en la discapacidad (disability justice, ver nuestro glosario). Este año ha sido testigo de varios movimientos sociales, algunos de dimensiones sin precedentes: El Alto 2, sin embargo, reconoce el trabajo de una comunidad que busca cambiar el status quo desde mucho antes que el 2020.

El British Council viene trabajando con artistas sordos y discapacitados desde 2012, tanto en Reino Unido como en las Americas: en Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Jamaica, México, Perú, Estados Unidos y Venezuela. Los proyectos han apuntado, desde su diversidad, a fomentar colaboraciones, desarrollar nuevo material artístico y apoyar la capacitación y el liderazgo de esta nueva red y comunidad.

Las contribuciones compiladas en este volumen reúnen prácticas e iniciativas que cuestionan la construcción social y colonial de la discapacidad, desafiando la normativa que coordina nuestra comprensión del tiempo y el espacio, interpelándonos, desde nuestra responsabilidad colectiva, para derribar barreras. Esperamos que la conexión con este material, mediante sus diversos formatos accesibles, ayude a los lectores a proyectarse a un espacio de posibilidades futuras que, teniendo a lo humano como centro, sea más equitativo e inclusivo.

En una nota más personal, me siento inmensamente agradecida con Sean Lee y Beatriz Miranda por haber compartido conmigo este “viaje colaborativo”. Gracias a ellos por su trabajo, su pasión y sus cuestionamientos, así como a mis colegas en el British Council que han colaborado en esta publicación.

Yinka Shonibare CBE, el aclamado artista anglo-nigeriano, definió en 2007 al arte producido desde la discapacidad como la última forma de vanguardia artística. Para él, el arte desde la discapacidad se compara con el arte feminista, el movimiento artístico afro-americano, y el queer de los 60s; todos movimientos artísticos de vanguardia comprometidos con el cambio social. Este segundo volumen de El Alto está atravesado por el espíritu trasgresor de Shonibare, y se centra (sin culpa ni censura) en la cultura crip y en los movimientos artísticos desde la discapacidad que existen en todos lados y desde siempre.

Siento una gran alegría, como artista queer, discapacitado y de color, que este número de El Alto no sólo esté dirigido por personas discapacitadas, sino dedicado a reunir sus diferentes manifestaciones en las Américas. En sus páginas, constatamos que su hilo conductor es la creciente presencia y agitación que estamos generando, con vistas a un futuro que sea que más equitativo y justo. Estimulados por lo que se ha denominado justicia en la discapacidad (disability justice) y las posibilidades futuras, los creadores de arte desde la discapacidad venimos incorporando nuestro poder político y nuestro potencial como artistas, así como afirmando la vitalidad y la necesidad de nuestra cultura. Todos esto cambios se dan a través del arte que creamos, las prácticas de acceso que generamos, y la alegría que nos une. Estos elementos a su vez establecen una nueva configuración del orden social – una configuración que desea la diferencia que trae la discapacidad.

Aunque llegamos al mundo del arte y la discapacidad desde diferentes contextos y experiencias, aprovechamos el potencial radical del arte para desmantelar y reconstruir mundos donde el cuidado por el otro, la diferencia y la equidad tengan un espacio. Se trata de reconfiguraciones que actúan como una utopía distante que tal vez nunca alcanzaremos, pero que nos esforzamos constantemente por actualizar.

Así como José Esteban Muñoz conceptualizó un horizonte queer – el cálido resplandor utópico de otro-lugar-más-allá-de-la-heteronormatividad – el arte desde la discapacidad tiene el poder de proyectar un horizonte crip. No queremos simplemente ser incluidos en la normativa detrás de estructuras inaccesibles. Queremos que la discapacidad dé forma a la misma cultura. Esta publicación está dedicada a todos nosotros y nosotras, los y las artistas locos, sordos, discapacitados, enfermos, crip, neurodiversos, enfermos crónicos y (en palabras de Rosemary Garland Thomson) a todos los inadaptados que son producto de la cultura, y que nos acercan, lenta e infinitamente, a nuestra utopía crip.

Image of a rehearsal. Four performers are sitting on a wooden floor, almost intertwined. A wheelchair can be seen in the background.

Mundana, una companía de danza establecida en 2017 por la bailarina y acróbata Inés Coronado en Perú.  Foto: Lucía Alfaro.

Agradecimientos

Editor de la revista: Pablo Rosselló
Editores de este número: Saada El-Akhrass, Sean Lee, Beatriz Miranda
Diseño gráfico: Joseph Pochodzaj
Traducciones: Quentin Pope (Spanish/English) Patricia Oliver (English/Spanish)

Alejandra Szczepaniak, Alejandro Cervantes, Alex Bulmer, Andrés Milán, Auramarina Lazarde, Benjamín Mayer-Foulkes, Carla Rice, Carrie Hage, Colectivo No es Igual, Cristina Becker, Cyn Rozeboom, Daniela Fajardo, Diana Solano, Emma Campbell, Francis Tomkins, Heidi Persaud, Jo Verrent, Juliana Ferreira, Kayla Besse, Kaylyn Hamlyn, Lindsay Fisher, Lorena Martinez, Lucy Ralph, María García Holley, Pam Briz, Rodrigo Fernández de Gortari, Ruth Hogan, Salomé Esper, Sarah Frankland, Silvia Godinez, Simon M. Benedict, Sissi Hamman, Steven Brett, Susy Villafañe, Tracy Tidgwell, Valeria Zamparolo, Veronica Bergna, Victoria Cho, Wynsor Taylor, Yinka Shonibare CBE