El Alto

Víctor H, Mariana Tirado Martin, Gina Rubio, and
Diego Lamas Encabo – México

Autorretratos

 En un collage de autorreflexiones íntimas, los artistas mexicanos Víctor H, Mariana Tirado Martin, Gina Rubio y Diego Lamas Encabo comparten su relación con su arte, su cuerpo y su mundo interior.

El cuadro 'Melusina' de Diego Lamas Encabo de una persona y un gato recostados juntos sobre una almohada blanca. Tanto la persona como el gato parecen estar haciendo contacto visual con el espectador.

Melusina, de Diego Lamas Encabo. Cortesía de Diego Lamas.

Diego Lamas Encabo — Expresiones

 

Para mí, la pintura es importante.

Por medio de ella puedo expresarme más allá

de mi discapacidad.

Me siento libre.

Desde muy chico he tenido fascinación por los gatos, y pinto mucho, no sólo a mis gatos, sino también a unos que imagino e invento.

Tomo cuadros de pintores que admiro y los intervengo, plasmando mis ideas.

Una manera de expresar mi afecto es hacerle

un cuadro a una persona y regalárselo.

Mariana Tirado Martin’s abstract paintings, with thick brushstrokes in shades of pink, green, blue, yellow, and orange. Mariana’s name is signed on the bottom-right.

Selva, de Mariana Tirado Martin, acrílico, 42 × 59 cm, 2017. Cortesía de Cristina Martin

Mariana Tirado Martin — Alma, habla, colores

 

Para mí, pintar es triste y feliz.

Es triste cuando me hace pensar en lo que no puedo hacer.

Pero feliz cuando al pintar siento que hay un lugar mejor.

El azul es tristeza.

El verde, felicidad y contento.

El rojo, alegría.

Y el amarillo, paz.

Con los colores digo lo que siento.

Habla mi alma.

 

Serie Doppelgänger, de Víctor H, 2020. Cortesía del artista.

Una foto en blanco y negro en primer plano del artista Victor H. mirándose en un espejo.

Víctor H — Breve ensayo de un autorretrato

 

De niño quería ser explorador. Me imaginaba en medio de árboles rodeados de vegetación espesa, escalando montañas o cruzando ríos. Algunas tardes dejaba de lado mis luchadores de plástico, me calzaba mis botas Perestroika y preparaba una mochila con cosas que necesitaría para la expedición: una cuerda, un suéter, un impermeable verde oscuro, unas galletas, una cantimplora y unos binoculares (hechos con tubos de cartón de papel higiénico). Una vez preparado, me adentraba a la aventura y trepaba por las escaleras del patio de mi casa imaginando que eran algún peñasco alejado de la civilización.

Al crecer mis deseos por ser expedicionario no se concretaron. En la adolescencia no me desarrollé como el resto de los adolescentes. Tomé conciencia de la fragilidad de mi cuerpo que se manifestaba en una carencia de fuerza física. En medio de esos cambios, con tempestades emocionales que me hacían tambalear, descubrí otras formas de exploración que me llevarían a la aventura: los artefactos de lectura. En ese primer momento fueron los sensacionales[1] que adquiría en el puesto de periódicos que estaba de camino a la escuela. Una vez terminados mis deberes pasaba las tardes entretenido leyendo historias que se desarrollaban en el lejano oeste o en los bajos fondos de la Ciudad de México. Años después cayó en mis manos un libro y me enganché con la literatura en un recorrido que no ha cesado.

Por medio de la lectura conocí el ocio y me entregué a él sin ninguna resistencia. Las historias que leía me viajaban y provocaban diversas sensaciones que experimentaba intensamente. Esos momentos de soledad, goce, reflexión y confrontación fueron determinantes para encontrar respuesta a las interrogantes que tenía en esa época: la literatura fue el medio que permitió encontrarme y motivó que iniciara un proceso de autoexploración que dio origen a un proyecto de escritura autobiográfica.

Encontré en el ensayo el género idóneo para plasmar mis reflexiones sobre la enfermedad y la experiencia literaria. El interés por una exploración interna ha provocado reflexiones sobre la herencia y la memoria familiar, la identidad, la corporalidad, la masculinidad, la sexualidad, la fragilidad, la autonomía y la independencia. En la actualidad, mis inquietudes han desbordado la escritura, iniciándome en la exploración del cuerpo por medio de la fotografía con dispositivo móvil. Esto dio paso a una serie de autorretratos que permiten confrontarme con un cuerpo que rechacé durante muchos años. Ahí me encuentro, explorando y ensayando nuevas formas para narrarme.

[1] Revistas populares cuyas temáticas eran variadas e iban desde el romance y el melodrama, pasando por el western, lo policíaco y la lucha libre, hasta historias de barrio que presentaban a una fauna variopinta compuesta por pícaros y crápulas que deambulaban por los lugares más sórdidos de la Ciudad de México.

Gina Rubio sentada en su silla de ruedas, habla con un brazo en alto en el programa 'Apaga el Televisor y Enciende tu Imaginación'. Hay varias plantas verdes detrás de ella, y las paredes son de un cálido amarillo dorado.

Narradora oral Gina Rubio, show de narración oral Apaga el televisor y enciende tu imaginación, Centro Cultural Casa del Faldón, Querétaro, México, julio de 2017.

Gina Rubio — El arte de la palabra hablada

 

De un día para otro mi vida cambió radicalmente a causa de un síndrome llamado Guillain-Barré. Todo mi cuerpo dejó de moverse, mi piel dejó de sentir y el ritmo de mi vida también cambió, mas no así su rumbo. Sólo quedé yo, envuelta en un cuerpo que me contenía, pero que no me reconocía, pues se había desconectado de mí. Desaprendí lo aprendido para funcionar, ya no me servía. Tuve que reinventarme. Ese cuerpo que llevaba acompañándome quince años, arriba, en los más diversos escenarios, y que con sus movimientos, su mímica y su gestualidad me ayudaba a dibujar y acentuar mis palabras, ahora me había abandonado, llevándose mi independencia y parte de mi libertad. Sin embargo, mi voz se había aferrado a mí. Con su fuerza, cadencia y ritmo le había dado tanta vida a mis narraciones, y me valí de ella para continuar siendo una narradora oral. Y así lo he hecho, pese a las severas secuelas motrices y de propiocepción que el síndrome dejó, mis historias siguen de pie, sumando así quince años más a este andar en el arte de la palabra hablada, de la narración de historias. Contribuyo a la construcción de una cultura de paz y de una sociedad más plural. Y hago evidente que una discapacidad no nos resta posibilidades de ser creadores artísticos.